Imagínate: son las 2:47 de la madrugada. Algo en la pantalla casi funciona. Y pronuncias la frase más peligrosa de la tecnología: «Solo un cambiecito».
De pronto tienes siete pestañas abiertas, tres tazas, un mensaje de error que te juzga y la sospecha de que el problema original no estaba tan mal.
¿La moraleja? La curiosidad es maravillosa. El control de versiones también. Y el botón de deshacer merece un feriado nacional.
Esta es una pequeña historia ficticia con humor, inspirada en situaciones que muchos creadores conocen bien.
