Un huésped llega cansado. No le interesa cuántas pantallas tiene el sistema ni lo elegante que es la base de datos. Quiere que alguien entienda lo que necesita.
Es un buen punto de partida para diseñar software: acciones claras, menos pasos innecesarios y explicaciones útiles cuando algo falla.
La hotelería no es lo contrario de la tecnología. La buena tecnología elimina obstáculos para dar más espacio al trato humano.
Una pregunta: si tu aplicación fuera una recepción, ¿saludaría al visitante o le entregaría un formulario de 42 páginas?
