No todas las ideas necesitan una empresa, inversores ni un calendario gigantesco. A veces basta con una tarde tranquila y una pregunta en una nota.

Elige la versión más pequeña y honesta de tu idea. Define qué sería un resultado útil. Constrúyela. Muéstrasela a una persona. Descubre dónde la realidad contradice tus suposiciones.

Los experimentos pequeños no son ambiciones pequeñas. Son una forma más económica de descubrir cuáles merecen tu energía.

Prueba esto: anota una idea que llevas posponiendo. ¿Puedes demostrar su parte más interesante en cinco minutos?