La manera menos interesante de usar IA es pedir una respuesta perfecta y no cuestionarla jamás. Resulta más útil tratar la interacción como una conversación continua.

Explica tu objetivo, comparte los límites, pide alternativas y prueba el resultado. Cuenta lo que falló. Conserva la evidencia. La decisión final sigue siendo tuya.

La IA puede ayudarte a explorar posibilidades, revisar borradores y detectar puntos ciegos. También puede equivocarse con mucha seguridad; verificar sigue siendo esencial.

Lo interesante no es sustituir la curiosidad humana, sino darle más espacio para crecer.